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Terra
La Coctelera

pienso y pienso y pienso partir...quien sabe a donde

todos estos días me acosa y me persigue una idea...
una idea que todos alguna vez tuvimos,-o creo yo- todos tenemos....el deseo de partir y abandonarlo todo...
me refiero a lo material....a todo aquello que te esclaviza en la ciudad, todo eso que te ata y a veces no te deja ser tu misma, tu mismo, todo eso que te bloquea la respiración....

¡no señor!no es el asma lo que me aqueja, es esta ciudad que me duele en el alma...es tanto ruido lo que no me deja oír mi voz...-la pobre tan aguda y torpe que suele perderse distraída entre la prisa, sus risas, los carros, los perros histéricos de esta ciudad sitiada-....todo grita con sus colores estridentes y su música...

sé que existe ese lugar soñado... y creo que hacia allá voy aunque aún no sepa como llegar....sin un real en el bolsillo o quizás con apenas semillitas...y un deseo inmenso de recordarme a mi misma: HAS NACIDO PARA SER FELIZ DE UNA MANERA PEQUEÑA....de una manera pequeña y desapercibida como las minúsculas....
semillas y este derrotero y una mano también pequeñita que me sostenga....que me recuerde que no debo perder mi centro. no debo perderme
mirella

para no perderme

este es otro poema mío...por ahora en que escribo tan poquito....solo estoy rescatando lo viejo. estoy desempolvando viejos versos.....añorables....que a veces....de tanto, en tanto....hecho en falta....

POEMA

Ella me adora con flores
con pájaros de papel plegado en mis paredes

con su piel siempre sonriendo me espera en todas las salidas
me dibuja y me pinta
con crayolas brillantes todas las entradas

y de mi mano
-también pintada en salmón y rosa-
entra feliz
apurada

y el monigote torpe que soy
se dibuja solito una sonrisa
con un trocito de carbón caído
y se pasa una a una las lágrimas

mientras ella desenreda con ternura mis mechones
totalmente hechos de lana.

mirella

un poema mío, pequeñito....

En 1992, el taller Gianni Rodari, estaba en todo su esplendor, aparte de los talleres de creación literaria, artes plásticas, periodismo y teatro, nos abocamos con un entusiasmo delirante -y limitada economía- a la publicación de cuentos, poemas, dibujos, en fin, textos de ñiñ@s y chic@s que escribieran y sobre todo que tuvieran algo que decir. Empezamos, con amigos infaltables: Sarah (hermana del alma), Paola-Paula, Esteban, Marco Miguel....a promover pequeñas plaquetas. Sólo salieron 3, muy a nuestro esforzado pesar: "Hablo contigo, camita" un homenaje al chileno Gonzalo Rojas -que hace unos días cité- en la que se incluían a los más jóvenes de los talleres (13-17 años); "La trampa de gasa", con poemas de un grupo de amigas que escribíamos en torno a la UNIFE y sobre todo al amigo y excelente poeta: Rafael Dávila-Franco... y una revistita de los más pequeñ@s: MONTON DE CACHIVACHES...-la engreída-

En ese contexto les presento un poema mío del 92, que apareció en "La trampa de gasa", luego le adjunto el dibujito del ave del paraíso que lo acompañaba. Poco a poco, iré buscando, encontrando, rindiéndome con más de lo mío....y sobre todo ofrendándotelo, amig@ y paciente lector....
Esta dedicado a un pequeño gran amor y ahí va...

COSMOS

para mi pequeñito
gato nube pez dorado sueño

De tu mirada nacen cada día peces y nubes

cada mañana cuando te desovillas
y logras escaparte de la maraña tenue de tus sueños
una lágrima torpemente sostenida pierde compostura
y cae rápido
al ya despierto suelo
y nace la paz.

Cada cosa vuelve entonces a ocupar su lugar:

los peces recorren millas en tu parpadeo dudoso de
-aún es pronto-
y vuelan a perderse en el lejano fondo

verde-dorado nadan
dorado-rojo se emocionan y dan vueltas vueltas
en el fondo-fondo
dorado-dorado se pierden entre corales
y nuevos sueños

las nubes suben henchidas a ocupar su puesto
emocionadas panzonas
se posan sobre ti y giran
y son pequeñamente felices
mientras explotan empapando tu jean
y tus cabellos largos

Y cada noche cuando vuelves cansado
y sienten el arrastrarse de tus pasos en las gradas
se esconden tras el muro de tu ventana sin cortina
ni nombre
y esperan murmurando recuerdos y secretos
-que tu piensas gatos o carros-
y cuando entras
-tintineo de llaves y espera-
entran también trémulas
y cuando te acuestas y buscas dormir
vuelven a hacer su guarida en tu tristeza.

mirella

mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola... Abraham Valdelomar

Mi infancia quizás no fue tan triste y sola como la de Abraham. Soy la quinta de 6 hermanos y en mi casa la bulla no paraba. Bastaba despertarse -y a veces hasta dormida- para oír los gritos, las peleas, el fútbol en la sala, los apuros en el desayuno...

Solo un año y medio nos separa, pero éramos -y a veces todavía lo somos- tan unidos. Solo la menor es cuatro años más chica que yo, por ello todos girabámos en torno a ella como los bichitos ante la luz.
...
Me recuerdo a mi misma, buscando una pizca de silencio, un rinconcito donde leer. Me recuerdo perdida en una lectura y a mamá llamándome para salir o buscándome porque siempre había algo más importante que mis libros... (ja)

Recuerdo la insistencia con la que me apagaban la luz, para cuidar mis ojos -siempre tan delicados- y yo esperando oír el sonido de la puerta del cuarto de mamá cerrándose para prender la luz, tomar el libro nuevamente y volver a encerrarme en ese espacio feliz.

Recuerdo hasta ahora el primer libro que leí: La pequeña vendedora de fósforos...lo amaba tanto que desde los cuatro años lo supe de memoria y lo contaba a cuanta persona grande o pequeña se me acercara.... como una oración. ¡Conseguí la imagen de la misma edición que yo tenía hace toda una vida!
....
Mi infancia fue extraña, sola y acompañada, silenciosa y bullanguera, encerrada y callejera.... como tiene que ser....

¿y la tuya? ¿me la cuentas?

mirella

pequeñitos de Walt, el viejo barbón

"No haré sino escuchar ahora"

"Te he abrazado y con eso ya serás siempre mío"

"dedícate a abarcar mundos enteros"

"La prueba decisiva la llevo yo en mi rostro"

Walt Whitman

poemas underwood, de Martín Adán

Navegaba en internet, asunto para el que no soy tan hábil, con mi mano izquierda adolorida y ánimo de no faltar a mi cita de atardeceres, encaramada en mi árbol. Navegaba hoy decía, junto a una chiquilina, satelital compañía, que sumida en su mundo, infinita y hermosamente más rosa, más celeste, que el mío, se deja envolver por la virtualidad.
Nadaba a la deriva buscando un fragmento de "La casa de cartón", desde su homónimo sitio, buscaba te decía, un fragmentito que habla de la playa, de ser un niño reflejado en un hoyito de la playa, de ser el mismo hoyito que el mar hace y deshace a su antojo...pero no lo encontré...
Así que por ahora y en prenda hasta que llegue, te mando, silencioso que me escuchas, este poema del mismo libro, para que también seas feliz, de una manera pequeña.

Poemas underwood
(Martín Adán)

Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas.
Por ellas se va con la policía a la felicidad.
La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.
No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas de tráfico.
Las casas rumian sus paces de buey.
Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría.
Límpiate de entusiasmos los ojos.
Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza. Cree tú que son mujeres viciosas. Así tendrás tu aventura y tu sonrisa para después de la cena.
Los hombres que tropiezas tienen la carne encallecida de oficina.
El amor está en cualquier parte, pero en ninguna está de otro modo.
Pasan obreros con los ojos resentidos con la tarde, con la ciudad y con los hombres.
¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sino tu alma.
La ciudad lame la noche como una gata famélica.
Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz.
Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ninguna clase.
Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores.
Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido, casi un personaje suyo.
Pero no he de enfurecerme por pequeñeces.
Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas: Las novelas de Víctor Hugo, la democracia, la instrucción primaria, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros.
Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse.
Porque no quieren creer que todo es irremediable.
La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había que ir con revólver.
Y los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices.
Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas.
Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diría nunca. El no se mete en honduras -y está viejo, quiere paz y hasta apoya a los moderados.
El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente. No hay manera de hacerle hablar cuando está borracho. Cuando no lo está abomina de la borrachera o ama a su prójimo.
Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los hombres.
Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.
Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a cada instante y no viven nada.
He aquí mis prójimos.
La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades.
Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas ni mujeres.
Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.
En punto a honradez, no soy de los peores.
Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo.
Nací en una ciudad, y no sé ver el campo.
Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío.
En cambio deseo el cielo.
Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.
Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no son tintes alemanes.
Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada hombre.
No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.
Ahora en las calles hay un poco de sol.
No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando manchas en el suelo como un animal degollado.
Pasa un perrito cojo -he aquí la única compasión, la única caridad, el único amor de que soy capaz.
Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana pero verdadera.
Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja -(todos un poco perros)-.
Mascar huesos como los poetas de Murger, pero con serenidad.
Pero los hombres tienen posvida.
Por eso dedican su vida al amor del prójimo.
El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempo vacío...
Diógenes es un mito -la humanización del perro.
El anhelo que tienen los grandes hombres de ser completamente perros. Los pequeños hombres quieren ser completamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses.
Pero estas cosas deben decirse en voz baja -siento miedo de oírme a mí mismo.
Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que ensaya las grandes felicidades.
Pero la felicidad no basta a ser feliz.
El mundo está demasiado feo, y no hay manera de embellecerlo.
Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles y fábricas bajo un aletazo de banderas rojas.
Yo me siento las manos delicadas.
¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada.
O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros.
Tú no tienes las orejas demasiadas grandes.
Yo quiero ser feliz de una manera pequeña. Con dulzura, con esperanza, con insatisfacción, con limitación, con tiempo, con perfección.
Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando durante la travesía aventuras como peces.
Pero ¿a donde iría yo?.
El mundo me es insuficiente.
Es demasiado grande, y no pudo desmenuzarlo en pequeñas satisfacciones como yo quiero.
La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más...
Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.
El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico.
Citeres es un balneario norteamericano.
Las yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casi muerta.
El panorama cambia como una película desde todas las esquinas.
El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelas de cigarrillos. Pero está no es la escena final. Pero ello es por lo que el beso suena.
Nada me basta, ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección, satisfacción, deleite.
¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso?.
La tarde ya se habrá acabado en la ciudad. Y yo todavía me siento la tarde.
Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes. Y todos los malos pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre que no ha pecado nunca.
Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.
A casa...

(Mirella acota: sin palabras...sonrisa tonta mi risa de adiós)

La loba - poema de Gonzalo Rojas

Me propuse, pues siempre me niego el tiempo para estos temas míos, colgar cada día algo a este sitio, poco a poco, sería mi casita en el árbol, y se iría llenando de mis palabras, de mis colores, de mis poemas y los que robo a otros para hablarme, para hablarte...acá uno rescatado de mis 20 años y un deseo infinito de hacer mil cosas, de darlo todo por la literatura....lo encontré en una plaquetita mostaza hecha en papel para envolver. Todo un homenaje a este chileno entrañable, Gonzalo Rojas y a varios jóvenes poetas peruanos que ahora siguen sus pasos.... sé que te gustará.

LA LOBA

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.
Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.
Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.
Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.
Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro.

Gonzalo Rojas