Mi infancia quizás no fue tan triste y sola como la de Abraham. Soy la quinta de 6 hermanos y en mi casa la bulla no paraba. Bastaba despertarse -y a veces hasta dormida- para oír los gritos, las peleas, el fútbol en la sala, los apuros en el desayuno...

Solo un año y medio nos separa, pero éramos -y a veces todavía lo somos- tan unidos. Solo la menor es cuatro años más chica que yo, por ello todos girabámos en torno a ella como los bichitos ante la luz.
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Me recuerdo a mi misma, buscando una pizca de silencio, un rinconcito donde leer. Me recuerdo perdida en una lectura y a mamá llamándome para salir o buscándome porque siempre había algo más importante que mis libros... (ja)

Recuerdo la insistencia con la que me apagaban la luz, para cuidar mis ojos -siempre tan delicados- y yo esperando oír el sonido de la puerta del cuarto de mamá cerrándose para prender la luz, tomar el libro nuevamente y volver a encerrarme en ese espacio feliz.

Recuerdo hasta ahora el primer libro que leí: La pequeña vendedora de fósforos...lo amaba tanto que desde los cuatro años lo supe de memoria y lo contaba a cuanta persona grande o pequeña se me acercara.... como una oración. ¡Conseguí la imagen de la misma edición que yo tenía hace toda una vida!
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Mi infancia fue extraña, sola y acompañada, silenciosa y bullanguera, encerrada y callejera.... como tiene que ser....

¿y la tuya? ¿me la cuentas?

mirella